Delhi - Amritsar

La falta de tiempo y de infraestructura me obligan a reducir la ambición de este blog. Los dí­as escritos se acumulan en mi ordenador sin que pueda publicarlos. No cejo en mi empeño de todas formas.

Nos levantamos tarde y desayunamos estupendamente en la terraza, después dedicamos el tiempo a recorrer el barrio: New Rajinder Najar. Que es bastante apanado y esta habitado por indios de clase media. Con sus luces y sus sombras resulta bastante agradable y esta lleno de ardillas.

Salimos a la avenida principal y vemos un grupo de gente que monta revuelo en la calle. Un grupo de Sikhs reparte comida en el barrio. Han montado una cocina improvisada y reparten garbanzos y pan en platitos de usar y tirar hechos con hojas de árbol prensadas. Gente de toda condición, hace cola para recibir su ración. Cuando nos ven, uno de ellos nos ofrece, entusiasta, dos platos. Dudamos un poco, y aceptamos. Esta bastante bueno a pesar del aspecto. La gente nos mira con curiosidad y sonrí­e. Me acerco a uno de los Sikhs y le pregunto sobre esto. Me cuenta que lo hacen dos veces por año. Los Sikhs creen en la igualdad de todas las personas y reparten comida para simbolizar igualdad, solidaridad y humildad. Les encanta vernos comer ya que nuestra diferencia hace mas relevante su ofrecimiento. Tengo que decir también que son muy majos. Me caen bien los Sikhs. Nos ofrecen el segundo plato, una curry con arroz, pero declinamos la oferta, no hay tanta hambre.

Volvemos a la pensión y recogemos las cosas. Tenemos que ir a la estación de New Delhi para tomar un tren con destino a Amritsar, la ciudad sagrada de los Sikhs.

La estación de New Delhi es hedionda. Nos cuesta un poco encontrar nuestro vagón, pero lo hacemos con la ayuda de una amabilí­sima joven que nos acompaña. Viajamos en clase EC (Executive Class) de la que solo hay un vagón, el resto es de clase Air Conditioned. Subimos al vagón con los ricos y adivinen... Están todos gordos, gordí­simos: Ellos, ellas y sus retoños. Definitivamente el estatus en la India se mide por el diámetro de la barriga. Uno de nuestros obesos acompañantes ha subido al vagón acompañado de un militar que le llevaba el maletí­n, y que se ha bajado antes de partir. Privilegios de alto funcionario, se dirí­a.

Las nuestras panzas crecen también, ya que durante el trayecto de seis horas nos sirven tres veces la comida, con la posibilidad de elegir menú. Cristina duerme y yo aprovecho para escribir sobre los últimos dí­as. Aunque viajamos en la clase mas alta, el vagón no esta todo lo limpio que seria deseable.

Llegamos a Amritsar donde somos recogidos por el taxi del hotel, que se encuentra en las afueras de la ciudad. Un hotel simplemente correcto en el que no funciona Internet, con lo que hoy tampoco puedo actualizar el blog, y nos cuesta dormir por el ruido.