Abandonamos pronto el hotel para comprar el billete de tren de nuestro destino de mañana. Después, con el plan ya fijado, nos alojamos en otro hotel en el centro de la ciudad, cerca del Templo Dorado. Este hotel es mas humilde que el anterior, pero ya hemos decidido que según progresase el viaje iríamos conteniendo el gasto y bajando de categoría.
El trayecto desde la estacion al centro es solo un kilómetro a traves del centro de la ciudad. Es pronto y ya aprieta el calor. No hay palabras para describir el centro de Amritsar, mugriento se queda corto. El olor a detritus lo invade todo. Las basuras se acumulan, las alcantarillas son acequias que fluyen descubiertas. Perros sarnosos se pelean por las calles. Gente paupérrima pide limosna o simplemente deja pasar el tiempo. Leprosos, mutilados, niños abandonados llenan las calles. Los establecimientos de comida son repugnantes.

Nos acomodamos y salimos a visitar el Templo, a solo 5 minutos.
El templo es un universo aparte dentro de la ciudad. Acoge a miles de peregrinos diariamente en su recinto de color blanco inmaculado, con el templo dorado propiamente dicho en el centro. Un joven sikh me pregunta si necesito algo o tengo alguna duda. Todo esta perfectamente organizado según la proverbial eficiencia Sikh. Nos descalzamos y nos cubrimos la cabeza. Antes de entrar hay que lavarse los pies y las manos.

No hay mas occidentales que nosotros y llamamos mucho la atención, sobre todo Cristina que tiene la piel mas blanca. Recorremos el recinto hasta la pasarela que conduce al templo, en el centro del estanque. Alli los fieles compran un plato con una especie de masa de pan, y con el en mano se dirigen al templo. A la entrada unos senores recogen los platos y vierten la masa de pan en grandes cuencos que se llevan de nuevo a la entrada. Mas tarde veremos como los fieles comulgan al salir de esos grandes cuencos en los que se han juntado las ofrendas de todos ellos. Suponemos que es un rito de comunión comunitaria si se me permite la redundancia. Los Sikhs hacen mucho hincapié en la igualdad de las personas como vereis.

Entramos en el templo, alli unos sacerdotes leen continuamente las escrituras de los 10 gurus sikhs, que se oyen en altavoces por todo el recinto. Los fieles se arrodillan y dejan sus donativos en forma de lluvia de billetes. Un sacerdote no cesa de recogerlos a paladas y usa la pala para introducirlos por una ranura en una gran urna. Son los fondos con los que se financia el Templo. Nadie permanece mucho tiempo para dejar paso a los que llegan, y se realiza un recorrido por las diversas estancias del templo que rodean la estancia central. Algunas personas sentadas siguen los salmos leyendo un libro. Salimos de nuevo por la pasarela y presenciamos el rito de la comunión a la salida.
El calor aprieta y nos refugiamos en los soportales de un lateral junto con muchas personas que descansan o se echan la siesta. Nuestras cámaras llaman mucho la atención y las usamos para trabar contacto. Hacemos fotos a la gente y luego se las enseñamos, lo que les maravilla. La mayoría son muy majos, todos ellos son peregrinos que han venido de otras partes de la India, en muchos casos de pueblecitos en los que solo han visto a occidentales en la TV, de ahi la expectación que creamos. Poco a poco la gente se nos va acercando a curiosear y preguntarnos cosas, como de donde somos o si estamos casados, decimos que si. Y el matrimonio fue por amor o concertado? Ahí nos han pillado. Hacemos muchas fotos y nos lo pasamos en grande con la gente que desborda calidez.


Cada vez hay mas gente y la cosa se va un poco de madre hasta que un sacerdote alarmado por la distracción impía nos dispersa con grandes ademanes.
Salimos del templo y visitamos el solar donde se produjo la matanza a manos de los ingleses que se retrata en la película Gandhi. En ella mas de 2.000 indios fueron asesinados a tiros por manifestarse pacíficamente contra una ley inglesa que permitía la cárcel sin juicio para los indios, y que fue uno de los detonantes del movimiento por la independencia. Ahora el solar es un fresco jardín consagrado a la memoria de los muertos. El jardín es junto con el tempo, un oasis en medio de la pestilente ciudad de Amritsar. Nos refugiamos a la sombra porque el calor es sofocante, hace mas de 45 grados y cada bocanada es como respirar en un horno. Congeniamos con una familia de peregrinos.


Volvemos al hotel a descansar y reponer fuerzas mientras se pasa la tarde y refresca un poco para volver al templo al atardecer.
De nuevo en el templo nos sentamos junto al estanque mientras se pone el sol tras el Templo Dorado. Nos hacemos unas fotos con el edificio de fondo y una voz nos dice 'No den la espalda al templo'. Es un joven sikh cuya familia esta sentada junto a nosotros y que a pesar de la reprimenda nos sonríe. Nos hace muchas preguntas y nos cuenta cosas, hace voluntariado en el templo durante una semana y viene de la provincia de Haryana. Su prima, muy simpática también nos hace preguntas. Tienen menos de 18 anos y nos cuentan que su ilusión es ir a Europa y Australia. Les invito a venir a España y les doy mi dirección.
Están entusiasmados con nosotros y nosotros con ellos. Me enseñan a decir 'eres muy bonita' en hindu y se sonrojan cuando se lo digo a Cristina, a ella le enseñan a decir y 'tu también'. De repente cesan los cánticos y el chaval nos indica que tenemos que levantarnos y rezar juntando las manos, lo que simulamos hacer. Tras los rezos volvemos a sentarnos y seguimos charlando. Nos hacen prometer que si volvemos a la India les visitaremos en su ciudad. Nos despedimos y vemos otra parte del templo.
Al salir vienen a vernos nuestros amigos y nos presentan a sus madres, que son hermanas. Muy carinosos, nos hacen volver a prometerles que les visitaremos si volvemos a la India. Que majos!
Al volver al hotel vemos a una anciana senora, pobre de solemnidad, que duerme en un somier en la calle frente a unos sucisimos banos publicos y junto a un desbordado y pestilente contenedor de basura. La hemos visto cocinar dentro del bano y se hace cargo de tres ninos muy pequenos, vestidos con harapos, que duermen con ella en la en el somier. No pueden ser sus hijos, parece que se haya hecho cargo de ellos. Cristina le da 500 rupias, que la senora sorprendida agradece juntando las manos.
Damos una vuelta por la ciudad y cenamos una pizza y un arroz con fideos en un sitio medio correcto. Convenimos en que la ciudad es horrible, un infierno. A mi me duele la cabeza de una forma que no me ha dolido nunca y sospecho que es por la terrible contaminación De repente se va la luz en toda la ciudad y solo quedan los faros de los vehiculos como unica iluminación. Volvemos al hotel deseando salir cuanto antes de la ciudad. Intentamos dormir pero Cristina no deja de acordarse de la senora y los ninos.
