jueves 31 de marzo de 2005

Día 20. Obligatoriamente original, Barcelona

Me despierto tarde. Ya era hora de dormir ocho horas seguidas y descansar un poco de tanto trajín viajero. Desperezándome coincido con Sofía que se va a trabajar. Ainhoa y Sofía viven en un amplio piso con terraza junto a la Gran Vía, muy cerca de la Plaza de Cataluña. Doy un paseo con la intención de desayunar y leer los periódicos, y por el camino compro el Financial Times, el Herald Tribune y El País. Con mi padre no hay tiempo de leer periódicos y tenía síndrome de abstinencia.



Justo al llegar a la Rambla me doy de bruces con Gema, una amiga de Logroño. Nos hace mucha gracia el encuentro porque ha leído mis notas en NorteMagnetico y no se esperaba encontrarme en Barcelona. Me sorprendo una vez más de la cantidad de gente que está al corriente de mis movimientos. El blog está siendo un éxito inesperado. Quedamos en llamarnos por la tarde para tomar algo. Desayuno en un café de la calle Elisabets, una de mis callejuelas favoritas de Barcelona y leo los periódicos con detenimiento. Que gusto. Hace un día precioso y a los turistas se les ve encantados con las atracciones de la Rambla.



Luego quedo con mi hermano Guillermo y me lleva a comer a un restaurante vegetariano muy original, muy BCN, que llevan unas chicas jóvenes y simpáticas. Después de los atracones de Italia agradezco un poco de comida ligera. Charlamos y le cuento cosas de mi viaje. Las últimas veces que he estado en Barcelona no habíamos podido coincidir. Este viaje iba a quedarme en su casa, pero ha albergado un gato en ella recientemente y no quiero exponerme a resucitar mi asma. Después me lleva al bar Daguiri en la playa de la Barceloneta. Es un sitio con buena onda y buena música que también llevan unas chicas jóvenes y simpáticas. Y tienen Internet inalámbrico by the face, así que aprocecho para conectarme y subir estas notas.



Luego vuelvo a casa de Ainhoa, ha quedado con Sofía y Vito en que vayamos a cenar al Margarita Blue, un restaurante bar con DJ cercano a la Rambla que ya conocía. Sirven unos tomates verdes fritos con queso de cabra y guacamole que me vuelven del revés. Una de las camareras aporta el obligatorio toque de originalidad BCN montando un número de trapecista a mitad de cena. Consumo un número generoso de margaritas y nos vamos a casa donde nos despedimos del limoncello. Me desplomo.